Sensación de pesadez, cansancio, hormigueos, hinchazón, varices… El 80% de las mujeres mayores de 35 años sufre problemas de circulación, que aumentan por estas fechas.

Los trastornos circulatorios más frecuentes son los que se producen en las venas, que provocan la aparición de arañas vasculares y varices. Estos problemas tienden a agravarse en época estival, con la consiguiente sensación de pesadez, calambres, hinchazón, etc. Sin embargo, si seguimos una correcta salud vascular, podemos prevenir todos estos molestos síntomas e incluso hacer desaparecer el problema.

Cuando estamos expuestos al sol se produce un aumento de la temperatura en las piernas. Para contrarrestarlo, nuestro organismo aumenta la circulación periférica, lo que a su vez provoca una vasodilatación, y eso deriva en los síntomas ya descritos y en las antiestéticas varices.

Las varices son dilataciones venosas que han perdido la capacidad de establecer un retorno eficaz de la sangre al corazón. Las más habituales son las que aparecen en las piernas, pero pueden darse en otros sitios, como el esófago, región anal, testículos e incluso en la cara. Se producen por una alteración de las válvulas venosas que, al no cerrar bien, dificulta la circulación de retorno, lo que hace que la sangre se acumule en las venas, dilatándolas y haciéndolas visibles.

Las varices pequeñas son principalmente un problema estético, aunque también provocan sensación de pesadez y cansancio en las piernas. Con las varices medianas, sin embargo, aparecen las complicaciones, porque pueden derivar en flebitis dolorosas o en sangrados de vena. Finalmente, las grandes varices deben ser tratadas quirúrgicamente lo antes posible, ya que pueden producir úlceras e incluso una trombosis venosa.

Hay muchos factores que pueden favorecer la debilidad venosa: una alimentación pobre en frutas, verduras y fibra; el sedentarismo; hábitos posturales que dificulten el retorno venoso, la edad, algunos efectos hormonales, la genética… Entre los tratamientos no quirúrgicos de las varices figuran la compresión externa con medias elásticas alrededor del tobillo y de la pierna, para facilitar que la sangre circule mejor y no se acumule en esas venas; el ejercicio diario, sobre todo la natación, andar deprisa o ir en bicicleta; dormir adecuadamente, mejor si es con los pies sobre una almohada para que estén ligeramente en alto. Y, por supuesto, no exponer las piernas al sol, usar geles de masaje frío y aplicar duchas frías a los pies.

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