La aparición de las nuevas tecnologías ha supuesto un importante avance para el desarrollo de nuestra sociedad, facilitando el acceso a la información y la comunicación de tal modo que experimentamos la sensación de tenerlo todo en la palma de nuestra mano. Sin embargo, herramientas tan útiles como el teléfono móvil o las redes sociales pueden convertirse en un problema cuando su uso pasa a ser excesivo. Y es que un uso abusivo de esta tecnología nos expone durante cada vez más tempo a la radiación electromagnética que emiten, aumentando el riesgo para nuestra salud por sobreexposición.

Se ha convertido en algo habitual ver a gente paseando por la calle sin levantar la cabeza de la pantalla de su teléfono, desconectadas del mundo que les rodea o ver alteradas las comidas entre amigos o familiares con decenas de sonidos de alerta o con niños pegados a la pantalla de un móvil mientras sus familiares pueden “disfrutar tranquilamente” de la comida.

Las relaciones interpersonales han pasado a un segundo plano desplazadas por las pantallas. Expresión de sentimientos, resolución de conflictos o declaraciones a través de un cristal que luego no llegan a ser reproducidas cara a cara, se suman a la ya mencionada exposición a las radiaciones electromagnéticas.

Es necesario seguir la evolución del uso del teléfono móvil en la actualidad, saber qué está pasando, sobre todo con nuestros niños y jóvenes, pues, como ya sabemos, los niños y niñas son particularmente sensibles a estas radiaciones electromagnéticas, y el período de exposición, empezando a tan corta edad es muy prolongado. Diferentes estudios muestran que “una señal (electromagnética) determinada es absorbida dos veces más profundamente en la médula gris y la corteza cerebral de un niño o niña frente a un adulto”.

Desde la Fundación Vivo Sano han consultado a mil alumnos de sexto de Primaria y Secundaria de la Comunidad de Madrid en el marco de la campaña Salud Ambiental en la Escuela que, a través de los talleres “Cmunikt cn kbza”, busca concienciar a los niños sobre el buen uso de las nuevas tecnologías.

Hoy en día es evidente que no podemos pretender que los adolescentes prescindan del móvil, pero es necesario que sepan utilizarlo de manera prudente, no solo para prevenir adicciones, sino también por su salud. Actualmente, la mayoría de los adolescentes viven absolutamente pendientes del teléfono, hasta el punto de que muchos de ellos duermen con él debajo de la almohada por si a algún amigo se le ocurre mandar algún mensaje durante la noche. El

Aunque los móviles cada vez son más sofisticados, el campo electromagnético que emiten cuando están en uso no se ha reducido, lo que hace recomendable que, apelando al principio de precaución, los chicos adopten una serie de medidas para evitar una exposición excesiva.

En el caso de que vayan a hablar durante mucho tiempo, se les anima a utilizar cascos y otros dispositivos que permitan mantener una conversación con el móvil alejado de la cabeza.

Por la noche, la primera recomendación es no dormir con el móvil debajo de la almohada y, si se deja en la mesilla, ponerlo en modo avión.

Aunque no estén funcionando, los móviles emiten una pulsación cada tanto buscando la antena, lo que crea una onda que interfiere en la glándula pineal y puede alterar el sueño. El uso que se hace del teléfono móvil en la joven sociedad actual es muy alarmante, ya que la frecuencia con la que se entra en contacto con el aparato es cada vez mayor y a más temprana edad.

Si no perdemos de vista que estos jóvenes de los que hablamos tienen edades básicas de crecimiento y socialización, vemos que el problema es aún más grande. Estamos creando una generación de niños que vive con un teléfono en la mano y la mirada fija en una pantalla.

Por una parte, queremos despertar en toda la gente el mismo interrogante que se ha despertado en nosotros, ser capaces de generar una duda ante una situación tan generalizada como la actual y, por otra, crear el convencimiento de que podemos tener una sociedad mejor, más sana y protegida de la exposición a campos electromagnéticos.