La simplificación de ciertos conceptos está bien para fines didácticos, aunque a veces el exceso de simplificaciones nos lleva a errores que repercuten en nuestra rutina. Hoy tenemos la oportunidad de aclarar uno de ellos: ¿Es lo mismo alimentarse que nutrirse?

Para entender bien la disparidad que hay entre estas dos palabras, debemos pensar en las diferencias entre un avión y un tren. Los dos sirven para transportar y trasladar, pero tienen diferencias muy claras a simple vista. Con el título de este artículo ocurre lo mismo, la relación entre estos dos términos es clara, pero también hay diferencias grandes.

“Para crecer hay que comer”, o eso me decían de pequeño. Muy bien, pues a este acto de elección e ingesta del alimento le denominaríamos ALIMENTACIÓN. Proceso voluntario, educable y que va cambiando tras los pasos de los años. A diferencia de los animales, la alimentación supone mucho más que supervivencia.

Sin embargo, la nutrición es un proceso involuntario mediante el cual nuestras células transforman e incorporan las sustancias del exterior provenientes de los alimentos. Al contrario que en la alimentación es un acto inconsciente y no educable.

Ahora que conocemos estos dos conceptos, somos capaces de entender que nuestra alimentación debe basarse en alimentos de una alta densidad nutricional. Es decir, que aporten a nuestras células muchísimos componentes para que puedan funcionar correctamente, defenderse de patógenos y mantenernos en un estado óptimo de salud.

Recuerda que el envejecimiento, las enfermedades, los síntomas… todo lo que ocurre en nuestro cuerpo está totalmente relacionado con nuestras células. Darle lo que necesitan es lo mínimo que podemos hacer por ellas y a la misma vez por nosotros mismo.