Estrictos controles de calidad garantizan que las plantas utilizadas tienen todas sus propiedades terapéuticas intactas.

Cuando compramos un producto de fitoterapia damos por hecho que, al estar fabricado con plantas, estamos cuidando nuestra salud de forma natural. Pero el mero hecho de llevar plantas no significa ni garantiza que lo que tenemos en las manos sea un producto  natural. Por eso es importante buscar productos procedentes de un laboratorio que garantice la materia prima con la que trabaja. Para  empezar, deben ser plantas procedentes de cultivo ecológico certificado, y a ser posible de origen conocido. Una vez seguros de la procedencia de la materia prima, el laboratorio debe tener establecido un estricto procedimiento de control de calidad de las plantas que se van a utilizar: sólo deben entrar en el proceso de fabricación las de mayor poder terapéutico.

El reino vegetal es fuente de salud desde el principio de los tiempos, pero hoy en día, la ciencia nos permite confirmar la presencia de  los compuestos activos que hay en cada planta y que hacen que tenga determinadas propiedades benéficas. En los laboratorios Equisalud, garantizan la calidad de la materia prima incluso antes de que llegue a al laboratorio. Sólo utilizan plantas procedentes de cultivo orgánico, que han crecido de forma totalmente natural, sin pesticidas ni fertilizantes ni otros productos químicos.

Estas plantas no sólo tienen certificado ecológico, sino que conocemos perfectamente su procedencia. Su proveedor de confianza es Josenea, que en su finca Bordablanca de Lumbier, al pie del Pirineo navarro y regada por las claras aguas del río Irati, cultiva numerosas especies de plantas medicinales siguiendo los métodos tradicionales y de agricultura sostenible. La finca está aislada de los terrenos circundantes mediante un sistema de zanjas y drenajes, para evitar cualquier posible contaminación fortuita, y todos los procesos de recolectado, secado y conservación de la planta se realizan mediante energías limpias. Equisalud mantiene una relación directa con Josenea, facilitada entre otras cosas por la proximidad geográfica, lo que permite a al laboratorio supervisar personalmente y garantizar que los procesos de recolección y desecación son los adecuados para la correcta preservación de los principios activos de la planta.

Una vez en el laboratorio, la materia prima atraviesa controles específicos de calidad muy estrictos, como análisis de cromatografía líquida de alta presión para comprobar el nivel de principios activos de las plantas, y controles de microbiología para descartar  contaminaciones, entre otros. Además, ya terminado el proceso de fabricación, el producto pasa a una zona de cuarentena desde donde se toman muestras para comprobar la calidad del lote que luego llegará a las tiendas.