Lucy Wills, que procedía de una familia con fuerte interés en materias científicas, pudo beneficiarse de las reformas educativas inglesas para las mujeres de su época, matriculándose como estudiante de medicina en la Escuela de Medicina para Mujeres de Londres (Royal Free Hospital) que ya formaba parte de London University. En 1911 recibió un doble primer grado de honores en Botánica y Geología.

Tras graduarse en 1920, se convirtió en una doctora facultada legalmente, pero su principal interés seguía siendo la ciencia, y decide no ejercer como médico, sino investigar y enseñar en el Departamento de Patología Química.

Al mismo tiempo que su interés y conocimiento en medicina biológica estaba creciendo, el área de la hematología también avanzaba. En 1928 Margaret Balfour, del Servicio Médico de la India, pide a Lucy que se uniera a la investigación sobre la anemia que afectaba drásticamente a las mujeres embarazadas más pobres en la India, principalmente a las trabajadoras de la industria textil.

Entonces Lucy comienza una serie de viajes y estudios con un extensivo programa de observaciones que incluían numerosas posibles causas, tales como: infecciones, condiciones de vida y deficiencias dietéticas. A pesar de que la enfermedad se conocía como anemia perniciosa del embarazo, ella encontró que era diferente a la anemia perniciosa, ya que ésta no presentaba los mismos síntomas y no mejoraba cuando se les administraba vitamina B12 pura (que sí mejoraba en pacientes con la anemia perniciosa). En cambio mejoraban cuando se les administraba B12 sin purificar.

Durante su investigación observó una aparente relación entre los hábitos alimenticios y la probabilidad de sufrir anemia durante el embarazo. Entonces decidió experimentar los efectos en ratas albinas, logrando evitar la anemia mediante la adición de levadura a dietas sintéticas carentes de vitaminas B. Sin embargo, como probó muchas sustancias en ese experimento, le preocupaba que una infección común en las ratas pudiera estar jugando un papel en su anemia, por lo que resuelve probar en monos, revelando unos efectos espectaculares.

Con estos magníficos resultados resolvió testarlo en mujeres, y nuevamente demostró que el extracto de levadura era efectivo. A ésta nueva sustancia desconocida se le denominó “factor Wills”, en honor a su descubridora.

 EL ÁCIDO FÓLICO Y EL EMBARAZO

En 1941 esta sustancia fue aislada de las espinacas y se le nombró Ácido Fólico, ya que el término “folato” se deriva de la palabra folium que significa hoja vegetal y se utiliza para denotar el gran grupo de compuestos que poseen la misma actividad vitamínica. Posteriormente en 1943 este compuesto fue sintetizado en forma cristalina pura por Bob Stokstad y por Angier desde laboratorios en New York.

Para adquirir el ácido fólico dependemos totalmente de la dieta y no podemos almacenarlo por mucho tiempo. Los vegetales son los que contienen mayor cantidad, y el calor (por su cocción) y la exposición a la luz ultravioleta pueden reducir su activación.

El ácido fólico se utiliza en el cuerpo miles de veces al día para:

producir células sanguíneas, cicatrizar heridas, desarrollar músculo y en cualquier otro proceso que requiera división celular. Es especialmente importante en el desarrollo fetal y ayuda a producir sustancias químicas claves para el cerebro y el sistema nervioso. Es necesario para la formación de ADN y ARN, y asegura que las células se dupliquen de manera normal.

Actualmente está ampliamente aceptado que la falta de folato durante el primer trimestre del embarazo incrementa el riesgo de defectos en el tubo neural durante el desarrollo del bebé.

El Departamento de Salud y el Reglamento CE n 113572014 recomiendan que todas las mujeres que planean un embarazo, así como en los 3 primeros meses de embarazo, tomen un suplemento de 400 microgramos de ácido fólico todos los días.

FOLATO
METAFOLIN
HOLOVIT
5MTHF-GLUCOSAMINA
ÁCIDO
FÓLICO

*Material cedido por Lamberts Española