Cuando se reducen las horas de luz, siete de cada diez españoles afirman sentirse más decaídos.

Las horas de luz diurna influyen en nuestros ritmos circadianos y los regulan, y cada año, cuando se acerca el invierno, miles de personas afirman sentirse más decaídas, tristes o incluso deprimidas. El cambio de hora, la adaptación de nuestro ritmo de vida para hacer coincidir las horas de luz con los momentos de mayor actividad, afecta o puede afectar a nuestro estado de ánimo y a nuestros hábitos. Por eso conviene saber cómo reacciona nuestro organismo a los pequeños ajustes inherentes al cambio de estación, para facilitar nuestra adaptación de la forma más sencilla posible.

Los llamados ciclos circadianos (del latín circa, que significa “alrededor de”, y dies, que significa “día”) constituyen el reloj interno de nuestro organismo que marca nuestros ritmos biológicos, tanto de actividad como de descanso, en función de las horas de luz. Ese reloj biológico se localiza en una zona del cerebro llamada hipotálamo, clave para la regulación de la secreción de determinadas hormonas. El cerebro recibe la luz a través de la retina, que la pasa al núcleo supraóptico, y éste la envía al hipotálamo. Así es como el cerebro recibe información del ciclo día/noche y la envía a la epífisis o glándula pineal, que es la encargada de segregar una hormona llamada melatonina. La secreción de melatonina es baja durante el día y alta durante la noche. La melatonina participa en numerosos procesos celulares, neuroendocrinos y neurofisiológicos. También juega un papel fundamental en la disminución de la oxidación. Por eso, si la reducción de horas de luz y el cambio de horario invernal nos provocan problemas para conciliar el sueño, eso puede causarnos un déficit de nuestros niveles de melatonina, lo que se puede traducir en sensación de fatiga, decaimiento anímico (siete de cada diez españoles afirman sentirse más decaídos al inicio del invierno), mayor irritabilidad, problemas de atención, una bajada en nuestro rendimiento habitual y una aceleración de los procesos de envejecimiento.

Afortunadamente, se trata sólo de leves alteraciones pasajeras que no tienen mayor trascendencia, pero conviene protegerse ante los cambios estacionales y prevenir posibles desajustes, sobre todo si hablamos de personas que realizan actividades en horarios rígidos, de personas que habitualmente tienen problemas para dormir o de personas de mediana edad en adelante, cuya producción natural de melatonina ya ha comenzado a disminuir. Para este tipo de casos, suele ser recomendable reforzar nuestro sistema endocrino e inmune con suplementos alimenticios de melatonina, siempre lógicamente con el asesoramiento de un profesional de la salud.