El sol, la playa, el salitre del mar, el cloro de la piscina... En verano sometemos nuestra piel a múltiples agresiones. Toca recuperar su elasticidad y buen tono. El colágeno es una proteína que está directamente relacionada con la juventud de la piel, pero también con otros tejidos fundamentales.

Hace tiempo que perdimos el atractivo tono moreno de las vacaciones. Nos miramos en el espejo y de repente nos damos cuenta de que nuestra piel se ve desvitalizada. Probablemente otros tejidos también estén necesitados de un buen aporte de vitalidad. La pérdida de colágeno es algo más que un problema estético y afecta también a tejidos como los huesos, músculos, tendones, ligamentos… Y es que el colágeno es la proteína más abundante de nuestro organismo.

Cuando este colágeno se degrada, origina diversas e importantes alteraciones: desgaste del cartílago articular (artrosis), pérdida de densidad ósea (osteoporosis) y la aparición de flacidez y arrugas dérmicas. La degradación del colágeno tisular normalmente está asociada a la edad, pero también puede darse en personas jóvenes por sobreuso (práctica intensiva de deporte, sobrepeso o cargar pesos), por traumatismos o por inactividad (sedentarismo y consecuente desnutrición del cartílago). Estas alteraciones se producen en personas de ambos sexos, pero la incidencia es mayor entre las mujeres, sobre todo cuando disminuyen los niveles hormonales durante la perimenopausia y menopausia.

Para prevenir los trastornos por falta de colágeno, la alimentación es fundamental. El colágeno se encuentra únicamente en los animales y en ciertos pescados, puesto que forma parte de las articulaciones y de muchas fibras de origen animal. Hasta ahora el colágeno no se había considerado imprescindible en nuestra dieta porque contiene pocos aminoácidos esenciales, de manera que las células jóvenes no sometidas a estrés son capaces de transformar aminoácidos procedentes de otras fuentes proteicas y sintetizarlo. Sin embargo, actualmente se sabe que la presencia del colágeno en la dieta ahorra a la célula el gasto energético de obtenerlo de otros aminoácidos.

La dieta actual es pobre en colágeno, especialmente en colágeno asimilable. El colágeno es una molécula larga y compleja, de difícil digestión, de manera que cuando ingerimos colágeno nativo crudo, asimilamos menos del 1%. Podemos encontrar colágeno en la carne de cordero, las patas de cerdo, el bacalao, el salmón y en postres de gelatina. Sin embargo, hay que tener cuidado con los altos aportes de grasas o azúcares, o con las largas cocciones que terminan degradando las capacidades nutricionales de los alimentos. Por otro lado, un nutriente esencial en la formación de colágeno es la vitamina C, que se halla en cítricos, tomates, verduras…

La mejor forma de garantizar un aporte suficiente de colágeno es recurrir al colágeno hidrolizado. Es altamente asimilable y por ello indispensable para personas con problemas de piel o con patologías osteoarticulares o reumatoides, así como para deportistas, mayores de 50 años o personas con sobrepeso.

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