Si se le pregunta a cualquier persona que nos encontremos por la calle, en plan encuesta: “¿qué es un ftalato?”, lo más normal es que nos mire desconcertada. La mayor parte de la gente, probablemente, ni siquiera ha oído nunca esa palabra: “ftalatos”.

Sin embargo, la mayor parte de la gente tiene, aunque no lo sepa, ftalatos en su cuerpo. Puede parecer un nombre extraño, sin embargo, en realidad es algo “entraño”, si es que puede usarse este término. Algo que tenemos en las entrañas. Y ello debería preocuparnos. Porque, de hecho, es algo que preocupa a los científicos. El motivo de esta preocupación es que muchos de los ftalatos, que son unas sustancias contaminantes omnipresentes, han sido asociados a los más diversos problemas de salud.

Recientemente, la Endocrine Society, que es la entidad mundial de referencia en el asunto de las enfermedades vinculadas al sistema hormonal, valoraba en unos 27.000 millones de euros anuales el coste sanitario que algunos de estos ftalatos podían producir en la Unión Europea. Y esto sólo por problemas relacionados con la infertilidad masculina, la caída de los niveles de testosterona (asociado a incrementos de mortalidad) y la obesidad en adultos. Además hay que considerar que estos problemas podrían producirse frecuentemente a niveles muy bajos, bajísimos, de concentración, que están presentes en sectores amplios de la población.

Varias de estas sustancias se han asociado en estudios científicos a más problemas, especialmente —aunque no sólo— por exponerse a ellas en la etapa prenatal, que es la más sensible: asma y alergia infantil, limitación de la función pulmonar en hombres adultos, anomalías en el desarrollo genital masculino (como la criptorquidia, esto es, testículos que no descienden al escroto), alteración de los niveles de testosterona, ginecomastia en adolescentes varones, acortamiento de la distancia anogenital en varones recién nacidos (síntoma de virilización incompleta), alteraciones del comportamiento (como feminización de la conducta infantil), telarquia precoz (desarrollo prematuro de las mamas en las niñas), endometriosis, cáncer de mama, alteración de la formación de los folículos ováricos, partos prematuros, bajo peso al nacer (que puede traer aparejado mayor mortalidad infantil y mayor riesgo de problemas cardiovasculares y metabólicos en el estado adulto), trastorno de déficit de atención en hiperactividad, problemas de desarrollo cognitivo y motor en los niños, obesidad, resistencia a la insulina (ligada a la diabetes), etc.

¿QUÉ SON LOS FTALATOS Y DÓNDE ESTÁN?

Son sustancias sintéticas creadas por el hombre que no existían en la naturaleza. Sustancias que la industria moderna utiliza con profusión para diversos fines y que forman parte de infinidad de productos cotidianos. Cada año, solo en Europa, se utilizan cientos de miles de toneladas.

Básicamente se usan como reblandecedores de los plásticos (plastificantes) o como fijadores y, así, terminan en infinidad de elementos que puede haber en cualquier hogar. Pueden, por ejemplo, formar parte de plásticos como el PVC (pueden ser un 30-40% o más del peso total del PVC). Y como no están químicamente unidos al resto del plástico, pueden irse  esprendiendo de él, poco a poco, integrándose, por ejemplo, en el polvo doméstico que se respira. Pero pueden estar en muchas cosas más: pegamentos y adhesivos, aparatos electrónicos, materiales de construcción, productos de limpieza, productos de aseo personal (geles, champús, jabones, lociones, cosméticos…), perfumes, recipientes y envases (botellas de agua, tuppers...), pinturas, barnices, juguetes, arcilla para modelar, ceras, tintas de impresión, ropas y tejidos, ambientadores, pesticidas, etc.

¿POR QUÉ APARECEN EN NUESTRO CUERPO?

Pueden ser inhalados, absorbidos por la piel (por ejemplo desde cremas y otros productos de aseo) o ingeridos (con alimentos contaminados con ellos, por ejemplo desde ciertos envases y recipientes). En el mundo se usan unos 100 ftalatos, de los que unos 26 habrían sido registrados en la Unión Europea, y hasta ahora 12 han pasado a estar incluidos en las listas de sustancias preocupantes. Lamentablemente, las etiquetas no suelen decirnos si un producto determinado puede contenerlos. Y las medidas adoptadas hasta ahora por las autoridades para reducir la exposición humana dejan mucho que desear. Hay algunas prohibiciones o restricciones para algunos ftalatos en productos para niños pequeños, en cosméticos o en contacto con alimentos, pero no bastan para afrontar debidamente el problema.

Es difícil que la gente de a pie pueda adoptar medidas para autoprotegerse reduciendo la exposición, aunque sí se pueden seguir algunas recomendaciones, como evitar o reducir el uso de algunos productos que se sabe que pueden contenerlos. Pero es necesario que sean los poderes públicos los que adopten medidas más contundentes, prohibiendo, por ejemplo, aquellos ftalatos que se consideran más peligrosos, y desarrollando otras medidas para reducir el empleo de estas sustancias, como pueden ser: dietil hexil ftalato (DEHP), el di-isononil ftalato (DINP), el di-iso-decil ftalato (DIDP), el bu-til bencil ftalato (BBP), el dietil ftalato (DEP), el dibutil ftalato (DBP), y toda una cohorte con extraños nombres. Una de las mayores preocupaciones es que algunos de ellos pueden actuar como disruptores endocrinos, es decir, como sustancias que alteran el equilibrio hormonal. Sustancias para las que la comunidad científica no tiene claro que pueda establecerse un umbral seguro, por baja que sea su concentración, en especial durante el embarazo.

La UE prohibió su uso en chupetes, tetinas y mordedores infantiles, pero no se han adoptado las medidas restrictivas debidas para otros muchos usos, dándose la circunstancia de que sea precisamente en dependencias del hogar, como el cuarto de los niños, donde más presencia pueda haber de estas sustancias; al igual que en guarderías: suelos o paredes empapeladas de vinilo, juguetes, colchonetas y manteles de plástico, etc. Son compuestos químicos de atención prioritaria si queremos prevenir problemas de salud en el hogar. Sobre todo teniendo en cuenta que en los niños, que pueden ser más sensibles a estas sustancias que los adultos, suelen encontrarse concentraciones más altas.

La iniciativa Hogar sin Tóxicos ha comenzado una campaña en la que solicita al gobierno español que ponga en marcha una estrategia nacional sobre ftalatos para reducir la exposición humana a estas sustancias, así como que se promueva (a nivel nacional y europeo) una regulación más estricta comenzando por la prohibición  de los cuatro ftalatos más  preocupantes (DEHP, DBP, DiBP, BBP) y que, entre otras cosas, se realicen campañas de información a la población y a los profesionales sanitarios acerca de los riesgos de estas sustancias.

MIBUENA
CREMA
DESODORANTE ALOE VERA Y HIERBABUENA
LIMPIADOR
W.C OCEAN