El estreñimiento no es una enfermedad, sino un síntoma, que puede ser consecuencia de distintas situaciones.

Afecta al 12-20% de la población española (cifras similares a la europea). Es el doble de frecuente en mujeres que, en hombres, además de en personas con vida sedentaria, con una dieta pobre en líquidos y fibra. Su prevalencia es el triple en individuos mayores de 65 años en comparación con personas jóvenes, en especial si toman determinados fármacos.

¿Cómo saber si sufre de estreñimiento?

Seguro que usted lo intuye… pero a nivel clínico, puede definirse como aquella situación en la que una persona presenta menos de tres deposiciones a la semana, coincidiendo con presencia de heces duras, de escasa cuantía y más secas. De forma subjetiva, es decir, lo que la persona experimenta, es una disminución del número de veces que va al servicio a evacuar y el esfuerzo y la dificultad que tiene en esta expulsión lo que además se acompaña de hinchazón abdominal, gases, retortijones e incomodidad. Se asocia también a la falta de deseo o necesidad de defecar. Y es que muchas personas son reacias a hacerlo si no es “en su baño” y se niegan a evacuar en servicios públicos, lo que puede cronificarlo.

A pesar de esta definición más técnica, cabe recordar que no existen dos personas iguales y que la “defecación normal” es absolutamente individual y dependiente de factores como el sexo, la edad, las características fisiológicas del individuo e incluso su cultura. La frecuencia puede incluso ser irregular (aunque hay personas muy regulares) variando el volumen y la consistencia del material expulsado. Por tanto, una buena pauta es no obsesionarse, aunque sí consultar con su médico si el problema persiste.

¿Qué hacer para combatir el estreñimiento?

Dado que la mayoría de los casos de estreñimiento habitual se deben a malos hábitos higiénico-dietéticos, estos consejos pueden ser de utilidad para prevenir y tratar el estreñimiento, tanto crónico como ocasional:

Prevenir el sobrepeso y la obesidad, ya que favorecen el enlentecimiento de la motilidad del colon y dificultan el vaciado rectal, por lo que aumentan el riesgo de estreñimiento y hemorroides.

Comer despacio y masticar bien los alimentos y hacerlo en un ambiente relajado.

Beber suficientes líquidos sin gas añadido, priorizando siempre el agua como elección.

Hacer ejercicio físico a diario.

Evitar la falta de respuesta a la “llamada”, es decir, dejar de ir al baño porque hay prisa o no es el momento o el lugar oportunos, ya que acaba suprimiendo el reflejo gastrocolónico.

Aumentar de forma progresiva el consumo habitual de fibra dietética, siempre acompañada de agua.

Una de las claves, la fibra dietética

La fibra es el material que forma las paredes de las células vegetales y constituye el esqueleto de sostén de las plantas. Abunda sobre todo en la capa exterior de los cereales denominada salvado, en las semillas, en los frutos secos, las legumbres, hortalizas, verduras y todo tipo de frutas.

 La fibra puede clasificarse según diferentes criterios, aunque la más práctica está relacionada con dos de sus características, que determinan sus efectos sobre la salud: la solubilidad en agua y la capacidad de ser fermentada en el colon por la microbiota.

Según este criterio podemos hablar de dos tipos de fibra:

- Fibra no fermentable: por su estructura puede retener gran cantidad de agua, actuando como una esponja e hinchándose, lo que aumenta el contenido de la luz intestinal, promoviendo la regularidad y movilidad intestinal. Por ello previene el estreñimiento y otros problemas asociados.

- Fibra fermentable: esta fibra puede ser fermentada por las bacterias que habitan en el tubo digestivo (microbiota) lo que favorece su crecimiento y desarrollo. Estas bacterias, entre otros beneficios, tienen la capacidad de regular la movilidad intestinal y ayudan a sintetizar cierta cantidad de vitaminas.

Ambos tipos de fibra son necesarios para mantener el equilibrio y bienestar intestinal, modulando el tránsito y la producción de gas a nivel de colon. Por tanto, la fibra ayuda a combatir de forma eficaz el estreñimiento y favorece la eliminación, con el arrastre de las heces, de sustancias potencialmente perjudiciales provenientes de la dieta.

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