Las hepatopatías representan un grupo importante en las patologías gastrointestinales. El hígado es un órgano de gran reserva, esto significa que tiene capacidad de recuperación y regeneración y para ser gravemente dañado la lesión debe ser intensa o mantenerse durante un tiempo prolongado.

Existen toda clase de enfermedades hepáticas: cuadros virales, como las hepatitis crónicas por diferentes agentes virales -VHB, VHC...-; procesos hepáticos derivados del consumo de determinados medicamentos o como consecuencia del consumo inadecuado de alcohol o exposición a tóxicos. La más conocida es el llamado hígado graso (esteatosis hepática), uno de las primeras fases de la lesión hepática (en diabetes, en obesidad,…) y que debe conocerse que al ser reversible con cambios mínimos de los hábitos de vida es muy importante actuar a tiempo.

Además existen una gran cantidad de enfermedades de las vías biliares: desde la presencia de cálculos biliares hasta procesos más graves como colangitis esclerosantes, cirrosis biliar primaria, etc. La cirrosis hepática se puede decir que es la vía final común de una agresión al hígado permanente en el tiempo. Representa la incapacidad del hígado de regenerarse adecuadamente. Muchas personas con una cirrosis hepática pueden ser ayudados con una dieta hepatoprotectora y con regenerantes hepáticos, y vivir largo tiempo sin descompensaciones.

En el caso de las hepatitis crónicas, la más importante es hoy la VHC (virus de la hepatitis C), sobre todo por su frecuencia y por el desconocimiento que hay sobre ella.  Este virus es muy hepatotrópico (apetencia por lesionar el hígado), pero afortunadamente no excesivamente agresivo. Sobre todo, hay que vigilar la respuesta inmunitaria asociada que genera la destrucción hepática por liberación de radicales libres.

 En la medicina integrativa se utilizan procedimientos valorados científicamente y terapias poco agresivas como es el caso de las citoquinas a dosis muy pequeñas como las que emplea la microinmunoterapia. Además, también se ayuda de una buena detoxificación hepática y su estímulo con productos ortomoleculares y antioxidantes a dosis farmacológicas, la reducción de la exposición a toxinas medioambientales, etc.