Cada vez nos sorprende menos ver personas de cualquier edad y condición practicar deporte en los parques. Lo que hace años era una minoría se está convirtiendo en un fenómeno de masas. Parece que el ejercicio físico va calando en la sociedad actual como hábito saludable, y es que cada vez hay más personas concienciadas con su salud y que, además, disfrutan ejercitándose al aire libre o en el gimnasio.

Y es que la actividad física bien planteada es una potente herramienta de salud que nos puede ayudar a vivir sanos y en forma. Cada vez más personas lo notan, hacen ejercicio y se sienten mejor: descansan mejor, sienten menos estrés, gestionan mejor sus emociones y mejoran en su desempeño laboral.

El sedentarismo es el factor de riesgo de mortalidad y morbilidad más importante. Si además de tener una baja condición física se le añade el tabaquismo, la hipertensión o la obesidad, estamos creando un cóctel molotov para nuestra salud, y nos hace ser una bomba de relojería andante esperando la gota que colme el vaso.

Está claro que el ejercicio es un gran promotor de la salud a muchos niveles, tanto cardiovascular como incluso cerebral. Pero también tiene un importante papel como factor de prevención de enfermedades. Hay estudios que afirman que el ejercicio aeróbico suave puede prevenir o retrasar el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, así como de la enfermedad de Parkinson. No es fácil pensar que el ejercicio es beneficioso para contrarrestar ciertas enfermedades, como es el caso de la enfermedad de Crohn. Un estudio puso de manifiesto que a mayor cantidad de ejercicio menor probabilidad de desarrollar la enfermedad de Crohn.

Bien es sabido que la patología cardiaca es la primera causa de muerte en España. Tal vez sea debido a un estilo de vida sedentario, por la pérdida de la famosa dieta mediterránea, por vivir con mayores niveles de estrés o por la predominancia de hábitos tóxicos. Todo ello nos pone contra las cuerdas de la enfermedad, pero si queremos hacernos responsables y coger el toro por los cuernos nos toca desarrollar hábitos saludables, y el ejercicio físico es, tal vez, el más importante.

El ejercicio físico adecuadamente planteado regula la tensión arterial, disminuye el porcentaje de grasa corporal, aumenta la perfusión sanguínea en los músculos, aumenta el número de glóbulos rojos a medio y largo plazo, aumenta la irrigación miocárdica, favoreciendo el desarrollo de nuevas arteriolas, venas y capilares, con lo que se reduce el riesgo de padecer enfermedades coronarias y aumenta la esperanza de vida: añade años a la vida y vida a los años.

También se ha estudiado el impacto que tiene el ejercicio físico sobre la prevención y el tratamiento del cáncer de mama. Incluso durante la quimioterapia el ejercicio es una herramienta eficaz para paliarlos efectos secundarios de estos tratamientos tan agresivos, con lo que la calidad de vida de los pacientes mejora notablemente. También se combate la cardiotoxicidad, efecto secundario de la quimioterapia que puede afectar al corazón a largo plazo.

Por otro lado, el ejercicio físico ayuda a prevenir dolencias osteomusculares, como el dolor lumbar y dolor cervical, primera y segunda causa de baja laboral en nuestro país. Un programa de ejercicios en el que haya tonificación equilibrada, estiramientos globales, trabajo aeróbico y entrenamiento del “core”, no solo va a prevenir dolores de espalda agudos, sino que va a mejorar los síntomas crónicos y proporcionará recursos al cuerpo para soportar las jornadas laborales. También se benefician de los efectos del ejercicio físico las personas aquejadas de enfermedades crónicas como la fibromialgia y la fatiga crónica, la depresión y la ansiedad, proporcionando alivio de sus síntomas: mayor calidad de vida, mejor sensación de bienestar, mejoría en el descanso y calidad del sueño.

Tal vez el reto estribe en alcanzar el hábito, conseguir que el ejercicio forme parte de nuestra vida casi a diario, que podamos desarrollar unas rutinas sencillas, que no nos cueste mucho trabajo y puedan estar incluidas en nuestras apretadas agendas.

Ahora es el momento de planteárnoslo, de dar un golpe de timón a nuestra vida e introducir esta fantástica herramienta de salud como un pilar fundamental para cuidarnos y sentirnos bien. Porque, indudablemente, mejorará nuestra autoestima y nuestra forma de sentirnos a nosotros mismos, haciendo posible un cambio de paradigma en nuestra forma de percibir la salud.

*Información de Fundación Vivo Sano