No cabe duda que dormir bien influye positivamente en la calidad de vida de las personas y es que el ser humano invierte un tercio de su vida en dormir, unos 25 años. Dormir es una necesidad básica y su satisfacción nos permite la supervivencia. Aunque aún estamos lejos de obtener respuestas claras respecto a las funciones del sueño, sabemos que el sueño tendría una función relacionada con la reparación de tejidos corporales y conservación y recuperación de la energía. Durante el sueño se suceden los procesos de reparación cerebral, se desarrollan las funciones de consolidación, programación y organización de los procesos relacionados con la memoria, así como la recuperación de las funciones mentales ejecutivas, que se localizan en la parte prefrontal del cerebro. Es también durante este período que se normaliza la función termorreguladora que nos permite mantener una temperatura adecuada en cada momento en función de las actividades que se estén llevando a cabo. Sin este importante termostato, el organismo moriría.

Investigaciones recientes han demostrado una clara relación entre la cantidad y la calidad del sueño y el estado de salud y la esperanza de vida. Sin embargo, se estima que el 30% de la población adulta padece en mayor o menor grado alteraciones del sueño, de las que el insomnio es la más frecuente. Se caracteriza por la disminución involuntaria del número de horas de sueño, bien porque tarda en iniciarse, se interrumpe a menudo o termina antes de tiempo, o bien porque se tiene la sensación de que el sueño no ha sido reparador. El insomnio va deteriorando la capacidad de la persona para desempeñar sus actividades diarias, manifestándose con cansancio, somnolencia, irritabilidad y falta de concentración. A su vez, puede producir cambios fisiológicos que pueden precipitar la aparición de ciertas enfermedades hormonales, cardiovasculares, inmunológicas, psiquiátricas, etc. El insomnio es además responsable del 54% de los accidentes de tráfico, del 52% de los laborales y del 29% de los domésticos. Según los expertos, dormimos menos que nuestros antepasados y esto se debe principalmente a la existencia de la luz artificial. La luz artificial hace que la humanidad permanezca despierta muchas más horas de las que dictarían los ritmos circadianos, que son como un reloj biológico que marca las pautas entre sueño y vigilia y se rige por la luz solar.

¿Qué podemos hacer para dormir mejor?

- Mantenga un horario fijo para acostarse y levantarse, incluidos fines de semana y vacaciones.

- Si no se concilia el sueño en 30 minutos, levántese de la cama, vaya a otra habitación y realice algo que no lo active demasiado hasta sentir sueño, entonces vuelva a la cama. El objetivo es que usted asocie su cama con quedarse dormido lo antes posible.

- Evite realizar en la cama actividades tales como: leer, ver la televisión, escuchar la radio, hablar por teléfono, comer, discutir…

- Realice ejercicio durante al menos una hora al día, con luz solar, preferentemente por la tarde y siempre al menos tres horas antes de ir a dormir.

- Practicar ejercicios de relajación antes de acostarse puede contribuir a que duerma mejor. Practique una respiración lenta y relajada.

- El alcohol y el tabaco perjudican el sueño.

- Mantenga un ambiente agradable en la habitación controlando la temperatura, el ruido y la iluminación.

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