Nuevos (y desordenados) hábitos, más actividades, más horas de luz, más calor… En vacaciones dormir bien puede ser una odisea.

Damos vueltas en la cama, con las sábanas empapadas en sudor. Nos despertamos con frecuencia. Cuando conseguimos conciliar el sueño, es un sueño inquieto. Y cuando llega la hora de levantarse, no siempre hemos descansado bien.

Muchos de los que nos leen habrán vivido esta escena un verano u otro. Y es que el insomnio puede ser uno de los grandes problemas de las vacaciones. La causa no es el estrés, como nos ocurre durante el invierno. Sí, hemos desconectado del trabajo, pero no podremos volver en óptimas condiciones y con energías renovadas si no nos aseguramos un buen descanso nocturno también en la época estival. Entre los factores que pueden alterarlo están los nuevos hábitos de vida, no siempre ordenados. Tomamos más bebidas alcohólicas para refrescarnos (ay, esas cervecitas bien frías en el chiringuito), comemos a des-horas y a veces copiosamente, contrarrestamos el sopor post-comida con una larga siesta, los días son más largos y eso afecta a nuestro ritmo circadiano, trasnochamos en las terrazas para aprovechar las horas en las que refresca… En definitiva, el cambio de costumbres es drástico y puede hacer que en realidad no estemos descansando tanto como creemos.

Ante esta situación, lo primero es poner en práctica el sentido común. De acuerdo que en vacaciones relajamos nuestras costumbres, pero hay que mantener una cierta lógica y un cierto orden. Algunas normas que nos ayudarán a mejorar la calidad de nuestro descanso nocturno son: intentar mantener horarios regulares para no desajustar nuestro reloj biológico, evitando trasnochar; cenar de forma ligera y beber mucho líquido, ya que beber disminuye la temperatura corporal y ayuda a combatir el calor; evitar el alcohol en las últimas horas del día; evitar dejar el aire acondicionado puesto toda la noche, para no resecar el ambiente; evitar las siestas o reducirlas todo lo posible, para llegar a la noche con sueño.

Otra medida, que también es válida durante el invierno, es mentalizarnos de que el dormitorio es algo así como el “templo del sueño”. Esto significa que no debemos llevar la tablet a la cama ni consultar el móvil antes de dormir: la luz de las pantallas y la información que estamos absorbiendo constituyen un sobreestímulo para nuestro cerebro, que se mantendrá en estado de alerta, y eso nos dificultará conciliar el sueño. También debemos alejar del dormitorio todo tipo de aparatos eléctricos, y evitar recargar en esa habitación durante la noche nuestros dispositivos móviles. Un ambiente libre de ondas electromagnéticas nos será más favorable al descanso. Y en caso de necesidad, recurrir a preparados natura-les que nos ayuden con ese insomnio estival.

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MELATONINA
HOLORAM
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DESCANSO NOCTURNO