Asociamos cosmética con mejoría en el aspecto de nuestra piel, uñas y cabello. Pero la realidad es que si leemos con detalle las etiquetas de una gran parte de los productos que se aplican sobre la piel, el pelo o las uñas nos encontramos con una lista de sustancias tóxicas que son agresivas para la salud. Algunas producen una aparente mejoría del aspecto o una mejoría temporal, otras se basan en la ilusión que producen los mensajes que los acompañan. El propio término “cosmética” tiene dos sentidos bien diferentes, por un lado, orden y armonía y, por otro, vigilancia, pues kosmetai eran los que vigilaban a los esclavos mientras estos ofrecían sus cuidados a los clientes en los gimnasios de la antigua Grecia. La necesidad de estar vigilantes sigue estando tan vigente en nuestros días como lo estaba entonces y lamentablemente el tiempo en el que hemos confiado en que otros lo hacían por nosotros nos han colado bajo la piel miles de sustancias que nunca habríamos permitido si hubiésemos tenido la verdadera información acerca de los efectos que tiene sobre la salud. La industria cosmética ha dedicado varias décadas a conseguir las mejores ventas con unos productos que sean duraderos y que a la gente le parezcan buenos, aunque no lo sean.

¿Estamos protegidos con la cosmética natural?

Con demasiada frecuencia llaman cosméticos naturales a aquellos que tienen alguno de sus ingredientes que no son de síntesis química. Esto quiere decir que sobre una base química añaden algún aceite esencial de flores o algún preparado de plantas. Dos cuestiones para tener en cuenta: 1. Si el cosmético es natural pero no se certifica el origen de los ingredientes podemos encontrar dosis de pesticidas y otros residuos químicos derivados de la forma de cultivo y de procesado. 2. Si natural se refiere a que lleva un producto natural añadido tenemos que saber con certeza en que “caldo” de otros productos está. Un paso más allá en el concepto de cuidado natural de la piel nació con la cosmética ecológica, por la necesidad de ofrecer a las personas una alternativa a los productos habituales que les estaban haciendo daño.

¿Cómo es de natural la cosmética natural?

Lo natural debe unir aquello que la naturaleza produce y el conocimiento humano sobre cómo usarlo para su bienestar, cuidando la salud y logrando el beneficio extra que busca. El problema es que los productos de higiene y cosmética que dicen ser naturales normalmente tienen lo natural añadido y no como base. Hoy en día la mayoría de las cremas son blancas y con una textura “sedosa”. Estos dos efectos se consideran básicos para la apreciación de la crema. El blanco se consigue con dióxido de titanio, tanto en los cosméticos, incluidas las cremas de protección solar, como en las pinturas de las paredes. El carácter sedoso en la mayoría de los casos lo dan los surfactantes, porque rompen la tensión superficial del agua. Estos tensoactivos ayudan a mantener la humedad en la piel, eliminan la grasa de la capa más externa, pero también pueden producir grietas, fisuras y piel reseca, cuando están presentes en exceso o ya no los toleramos más. ¿Has visto a personas con las manos agrietadas y sangrantes que no han pensado que deberían dejar de usar el detergente o la crema que usan? Los tensoactivos rompen la tendencia del agua a formar gotas y este efecto se ha mantenido aún a través de la evaporación en la atmósfera creando un problema medioambiental. ¿Y en nuestra piel? Para que la piel parezca más hidratada se altera la naturaleza del agua, aparentemente la piel la absorbe mejor. ¿Y las consecuencias?

Creemos que un buen número de consumidores preferiría usar cremas menos blancas y menos “sedosas” a cambio de no correr el riesgo de llegar al límite de dióxido de titanio y tensioactivos en su cuerpo. El consumidor de cosméticos y productos de higiene que busca productos naturales no tiene como prioridad que engañen a sus sentidos a cualquier coste.

¿Qué puede hacer el usuario ante esto?

Leer las etiquetas e informarse de lo que hay de verdad detrás de los ingredientes, incluso de los llamados naturales y también de los productos con sellos de certificación ecológica. El principio de precaución se debe aplicar, pero ya es tarde para las lecciones que vienen con un daño a la salud. Kosmetai: estad vigilantes ante los falsos ayudantes.

Despierta de nuevo la inteligencia de tus sentidos.

Cualquier perfume químico huele a químico, aunque por un momento tu mente entrenada le quiera situar la etiqueta de “bueno”. El almizcle sintético de los perfumes es sospechoso de derrumbar la alerta de la piel y “atontarla” causando más absorción de la toxicidad. Los colorantes, los surfactantes, los conservantes químicos, los fijadores del aroma, todos pasan al organismo y como mínimo le dan un trabajo extra para liberarse de su mala acción. En los cosméticos también hay restos de los pesticidas usados en la producción de plantas. Con frecuencia un coctel químico difícil de asumir. Escucha a tu cuerpo cuando te aplicas algo sobre la piel, también cuando comes o cuando recibes un olor. Lo que inhalas y lo que recibes a través de la piel también tiene una acción y una carga que tendrás que asimilar o desechar. El problema es cuando no te permite hacer ninguna de estas dos funciones.

CREMA
CORPORAL
MIBELLA
CREMA
DESODORANTE
SALVIA Y SANDALO

*Información de Fundación Vivo Sano