La cebolla es el bulbo subterráneo y comestible, formado por capas esféricas, que crece en la planta del mismo nombre. Es una hortaliza de origen asiático extendida a lo largo de todo el mundo. Existe una amplia gama de variedades, que se clasifican en función del color del bulbo, forma, tamaño, usos u origen.

Es un gran cardioprotector, ayuda a reducir los niveles de colesterol, mantiene la elasticidad de las arterias y limpia la grasa.

Su contenido en glucoquinina disminuye el nivel de azúcar en la sangre, por lo que es una gran aliada de la diabetes.

Estimula el hígado, la vesícula, el páncreas y favorece la digestión y las funciones del estómago.

Fortalece las defensas ya que contiene propiedades bactericidas y fungicidas que ayudan a eliminar muchos virus y evitar su desarrollo.

Es diurética. Activa la función de los riñones y facilita la eliminación de líquidos en el cuerpo.

La cebolla tiene un efecto mucolítico, expectorante y antibiótico, por lo que favorece las dolencias respiratorias, gripes, catarros, bronquitis y congestiones nasales.

Se emplea en forma tópica para disminuir las arrugas de la cara, eliminar el acné, estimular el folículo piloso, eliminar la caspa, conservar el cabello o desinfectar heridas.