Las emociones mal gestionadas alteran nuestro equilibrio energético y abren la puerta a enfermedades. Las emociones bien canalizadas son la materia prima de las aspiraciones que dan sentido a nuestra vida.

Todas las emociones representan un tipo de energía en movimiento. No son buenas o malas en sí mismas; todo depende de cómo se gestionen. Las emociones reprimidas o desbordadas generan una alteración de nuestra regulación energética, que puede causar múltiples desequilibrios orgánicos y estar en la base de muchas enfermedades. Sin embargo, correctamente canalizadas, nuestras emociones, incluso las más primitivas e inconscientes, constituyen la materia prima de sentimientos y aspiraciones superiores que dan sentido a nuestra vida.

Términos de aparición relativamente reciente como psiconeuroinmunología, inteligencia emocional, neurociencia afectiva, biología de las creencias, biodescodificación... señalan el surgimiento de nuevas visiones terapéuticas que revolucionan la medicina y la psicología de nuestros días. Las antiguas fronteras se disuelven, y ya no podemos hablar de un psiquismo al margen del sistema nervioso. En la década de los 50 del siglo pasado ya fue bien descrita la relación entre patrones de personalidad, que incluyen diferentes modalidades de respuesta emocional, y el riesgo de desarrollar enfermedad coronaria. En las postrimerías del mismo siglo se da el gran descubrimiento de un sustrato biológico para la comprensión de las emociones por Candace Pert, antigua investigadora de los institutos nacionales de salud de EE.UU. Su hallazgo de una red de neuropéptidos y sus receptores explica cómo nuestros estados emocionales movilizan moléculas de todos los sistemas orgánicos del cuerpo.

Ya en siglo XXI, el reconocimiento de las conexiones privilegiadas entre el corazón y el cerebro, y entre el sistema límbico o cerebro emocional y el cerebro cognitivo, han aportado evidencias incontrovertibles de que nuestra biología no puede separarse de nuestro campo emocional. La concepción del corazón y del sistema gastrointestinal como verdaderos cerebros periféricos procesadores de emociones, el descubrimiento de la psiconeuroinmunología, el estudio científico de la meditación y su relación con la llamada respuesta de relajación, las investigaciones de salud pública con grandes grupos poblacionales… todo confluye en la misma conclusión: que nuestro estado emocional juega un rol crucial en el origen, pronóstico y evolución de las enfermedades.

Sentirse o no querido por los demás, tener un buen colchón afectivo o soporte relacional, la satisfacción laboral, la imagen que tenemos de nosotros mismos, todo mueve una red intrincada de cascadas moleculares y respuestas celulares que se anclan a nivel de grandes sistemas orgánicos y hacen el recorrido hasta el mismo núcleo de cada célula. Del mismo modo que vivimos en nuestro cuerpo, también vivimos en nuestras emociones y en nuestros pensamientos, y cada uno de estos niveles está densamente interconectado.