Las alergias son estados de hiperreactividad inmune que pueden limitar sustancialmente la calidad de vida y las actividades diarias. En las alergias estacionales, la exposición a las sustancias medioambientales, como el polen, activa a los mastocitos unidos a la inmunoglobina E (IgE), lo que conduce a la liberación de histamina y otras citoquinas inflamatorias.

Estos productos químicos causan síntomas locales como picazón, hinchazón y enrojecimiento de los ojos, la garganta y la cavidad nasal; aumento de la producción de moco y conjuntivitis. Los antihistamínicos son el tratamiento más comúnmente disponible y funcionan bloqueando la liberación de histamina.

También existen varias estrategias naturales que pueden ayudar a reducir la respuesta inmune y lograr un mejor control de los síntomas. Entre otros se incluye el uso de probióticos, vitamina D, vitamina C, quercetina y flavonoides.

Los probióticos y la vitamina D son dos nutrientes inmunomoduladores clave. Se ha demostrado que la suplementación con probióticos disminuye los niveles de citoquinas inflamatorias, síntomas de alergia y la necesidad de medicación. Un estudio mostró que la suplementación con probióticos durante ocho semanas durante la temporada alta de alergias dio lugar a una disminución en la secreción de citoquinas Th-2, así como una mejora significativa de los síntomas nasales, en comparación con el placebo, comenzando esta mejoría en las primeras cinco semanas.

En otro estudio en niños con rinitis alérgica perenne (fiebre del heno) tratados con levocetirizina, se investigó si había algún beneficio adicional con un tratamiento complementario con Lactobacillus. Este estudio encontró una mejora significativa de la sintomatología en el grupo de pacientes con un tratamiento probiótico adicional, comparando con los pacientes tratados solamente con levocetirizina. Así mismo hubo una mejoría en la tasa de flujo espiratorio máximo (TFEM) nasal en los pacientes tratados con probióticos.

La vitamina D ha sido ampliamente estudiada para el tratamiento del asma, y puede desempeñar un papel esencial en el control óptimo del asma, mejorando la función pulmonar y la respuesta a la terapia con corticosteroides; no obstante, no ha sido bien estudiada para las alergias estacionales. Sin embargo, dado su papel bien conocido en la regulación inmunitaria, la vitamina D debe ser considerada como parte del tratamiento de alergias, especialmente si hay evidencia de su deficiencia.

La vitamina C y los bioflavonoides, como la hesperidina, se consideran un pilar en el tratamiento de las alergias estacionales, debido a su capacidad para reforzar las paredes vasculares, evitando así la exudación de fluidos y citoquinas inflamatorias, con el consiguiente edema e hinchazón.

El té verde es otra hierba rica en flavonoides que se ha demostrado que reduce los síntomas de alergia estacional. En un estudio se demostró que tomar una bebida de té verde con un contenido de 34 mg de galato de epigalocatequina metilado (EGCG) durante un mes y medio antes de la temporada de alergias mejoraba de manera significativa los síntomas de la alergia, incluyendo dolor de garganta, secreción nasal, el lagrimeo y la restricción de las actividades diarias entre 38 participantes alérgicos al polen de cedro.

La quercetina es un flavonoide con propiedades antihistamínicas, que evita la degranulación de los mastocitos.

El efecto antiinflamatorio del aceite de las semillas del comino negro se ha demostrado en diversos estudios realizados sobre pacientes con rinitis alérgica. Alivia los síntomas asociados a la rinitis como son la congestión nasal, el picor, la rinorrea o los estornudos. También ejerce una actividad antihistamínica y una cierta actividad broncodilatadora en pacientes asmáticos.

Por último, el Cardo Mariano una planta muy interesante pero menos conocida con evidencias para su uso en las alergias. La silimarina es el nombre con el que se conoce al complejo de flavonoides del Cardo Mariano. La silimarina es un potente antioxidante con propiedades hepatoprotectoras. Estabiliza la membrana celular, evita la lipoperoxidación (daño a los lípidos de la membrana celular) y aumenta la concentración de glutatión, una enzima antioxidante que es responsable de la desintoxicación y la eliminación de los radicales libres del cuerpo. Un total de 94 pacientes con rinitis alérgica y una prueba de punción cutánea positiva fueron elegidos al azar para recibir tratamiento con silimarina (420 mg/día) o con placebo. El criterio de valoración principal fue el cuestionario SinoNasal Outcome Test 20 (SNOT-20), el cual evalúa los síntomas clínicos de la alergia. Al final del estudio, los pacientes tratados con silimarina tenían sólo el 25% de los síntomas experimentados por el grupo del placebo.

En conclusión, existen una gran cantidad de evidencias que confirman los efectos antialérgicos de varias sustancias naturales. Estas incluyen agentes inmunomoduladores como los probióticos y la vitamina D, la vitamina C, así como bioflavonoides específicos con propiedades antioxidantes y antihistamínicas, como las catequinas, quercetina y silimarina.

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