La mayoría de los ácidos grasos pueden ser sintetizados por el organismo a partir de hidratos de carbono de la dieta, con excepción de los ácidos linoleico y ácido alfa-linolénico que no los podemos producir de forma endógena. La razón es que el organismo humano no posee las enzimas necesarias para incorporar los dobles enlaces presentes en estas moléculas grasas. Como éstas son necesarias para el buen funcionamiento del organismo, y deben ingerirse a través de la dieta, los ácidos linoleico y alfa-linolénico se consideran ácidos grasos esenciales. El ácido linoleico es el precursor de los ácidos grasos omega-6 y el alfa-linolénico es el precursor de la familia omega-3. Aunque el cuerpo no puede producir estos dos ácidos grasos, sí puede transformarlos en cadenas más largas, que actúan como elementos estructurales en las membranas celulares e intervienen en la coagulación sanguínea y el proceso inflamatorio. Cada vez hay más pruebas que indican que los ácidos grasos omega-3 nos protegen de las enfermedades cardiovasculares al influir en la disminución de los triglicéridos plasmáticos, son antitrombóticos, evitan la formación de coágulos, son antiinflamatorios y son vasodilatadores además de reducir la presión arterial.

Aunque el organismo es capaz de convertir el ácido alfa-linolénico en ácidos de cadena larga concretamente en el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), parece que dicha capacidad es bastante limitada. Por este motivo, también se hace necesario obtener directamente de los alimentos, estas grasas omega-3 de cadena larga. El pescado azul, como la sardina, arenque, trucha, caballa, salmón, es la principal fuente de EPA y DHA, de ahí que su consumo se haga imprescindible en cualquier patrón de dieta cardiosaludable. Ahora bien, la asociación internacional para el estudio de los ácidos grasos y de los lípidos (ISSFAL) recomienda una ingesta diaria de EPA y DHA de 650 mg y la Asociación Americana del Corazón sitúa el consumo diario para personas con problemas cardiovasculares en 1 g al día de EPA-DHA. Nuestra dieta habitual está muy por debajo de las cifras recomendadas por lo que resulta difícil alcanzar dichos niveles.

Dada la baja capacidad del organismo de obtener EPA y DHA a partir de su precursor, el ácido alfa-linolénico de la dieta, y que el consumo de estos dos ácidos grasos de cadena larga a partir del pescado azul está lejos de los niveles recomendados, puede ser necesario suplementar la dieta con la ingesta directa del EPA y del DHA.

OMEGA 3 ACTIVO
EPA-OMEGA3
HOLORAM CARDIVAS