La piel es el órgano mayor de nuestro organismo y la que nos da nuestra apariencia. Pero una piel no solo es un recubrimiento más o menos bonito, es una de las barreras de protección y defensa más importantes frente a las agresiones del medioambiente que nos rodean. Tiene importantes funciones: ayuda a la regulación de la temperatura corporal, participa en el equilibrio de los líquidos y de los electrolitos y, mediante los correspondientes receptores, permite percibir las sensaciones del tacto, el frío y el calor y el dolor y la presión que puedan provenir del contacto con el medio externo. Por decirlo de alguna manera, nos permite sentir la suavidad del terciopelo, la aspereza de una piedra, el calor de una llama, el frío del hielo y el dolor de un golpe.

Ahora bien, tanto los factores medioambientales de los que nos protege como los cambios metabólicos internos pueden influir negativamente en su apariencia y función. La exposición a los rayos del sol, el frío intenso, el viento, el salitre del mar, el polvo o la contaminación, por poner algunos ejemplos, son factores externos que afectan negativamente a la piel. Entre los factores internos, cabe destacar los cambios metabólicos y hormonales, ciertas enfermedades, un estado nutricional deficiente e incluso ciertos medicamentos, pueden influir negativamente desde dentro. ​​​​​​

A medida que envejecemos, el metabolismo de la piel se va volviendo más lento, dificultándose la producción de sustancias estructurales de la piel como el colágeno (que da soporte y estructura) o la elastina (que da flexibilidad y firmeza). La piel se seca, se desnutre, pierde su firmeza y elasticidad y aparecen las arrugas, las manchas y, en general todos los signos de envejecimiento cutáneo. En la piel y las mucosas, el aporte de ácidos grasos es imprescindible para el mantenimiento de su estructura y función. Se sabe que cuando por factores externos (sol, viento, frío, sequedad…) o internos (cambios hormonales, genética, envejecimiento…), se produce un desequilibrio en la estructura lipídica de la piel y/o mucosas, se produce una importante liberación de ácidos grasos de las membranas celulares y se producen alteraciones fisiológicas (sequedad, falta de elasticidad, arrugas). La desestructuración lleva también a que se desorganice la melanina y se produzcan acúmulos localizados que se manifiestan con la aparición de manchas.

Ácido Graso Omega 7 (ácido palmitoléico), un aliado para el cuidado de la piel

El ácido palmitoléico purificado, de la serie omega 7 es un ácido graso que, aportado como suplemento oral, ha demostrado que mejora de forma sensible y visible la estructura de la piel promoviendo su hidratación, elasticidad y mejorando la rugosidad de la piel y de las mucosas.

Un estudio realizado en mujeres con edades comprendidas entre 50 y 70 años, sin patologías cutáneas, estudió el efecto sobre el estado de la piel de la suplementación oral, durante 3 meses, de un preparado a base de omega 7 (ácido palmitoléico) en comparación con la aplicación local de una crema nutritiva de noche que contenía asimismo omega 7.

Los parámetros medidos fueron la hidratación (medida con un corneómetro), la elasticidad (medida con un cutómetro), la rugosidad media de la piel y la rugosidad máxima (Yang et al. 2009).

Ya a partir del primer mes se observaron mejoras sensibles y al final del estudio a los tres meses, el tratamiento oral fue superior en resultados en la medida de la elasticidad, rugosidad media y rugosidad máxima de la piel. Los valores de hidratación fueron ligeramente inferiores a los del grupo que se aplicó la crema. Viendo los resultados de este estudio y de otros estudios realizados con suplementación oral de omega 7, los autores del mismo llegaron a la conclusión que, a parte de los buenos resultados obtenidos con la administración oral, es de notar que las cremas reducen su acción de forma restringida a la piel, mientras la administración oral influye positivamente en todo el cuerpo y sus efectos alcanzan a las membranas mucosas (como lo corroboran estudios hechos en sequedad de los ojos y vaginal), y en salud cardiovascular.

Vistos los resultados, se puede decir que el aporte oral de omega 7 (ácido palmitoléico), puede aumentar los efectos antienvejecimiento de los tratamientos cosméticos además de beneficiar globalmente a todo el organismo.

Ubiquinol (Coenzima Q10), algo más que un antioxidante

La coenzima Q10 es un antioxidante que protege las células del cuerpo del daño oxidativo. Debido a esta acción, la coenzima Q10 ha mostrado propiedades beneficiosas contra el envejecimiento al barrer los radicales libres y proteger las capas más profundas de las radiaciones ultravioleta que son uno de los principales responsables del envejecimiento cutáneo (fotoenvejecimiento) causante de la aparición de arrugas, hiperpigmentación, flacidez de la piel o incluso lesiones cancerosas.

La coenzima Q10 se viene utilizando desde hace tiempo como ingrediente de cosméticos tópicos de acción antiedad. Sin embargo, hay que destacar el papel que la suplementación oral puede jugar en el mantenimiento del buen estado de la piel.

La investigación ha demostrado que la suplementación prolongada de CoQ10 en humanos reduce la tasa de área de arrugas y el volumen de arrugas por unidad de área en la esquina del ojo.

Asimismo, estudios en ratones han demostrado que la ingesta de CoQ10 eleva los niveles de esta y otras coenzimas en la epidermis y dermis, concluyendo los autores que puede ser eficaz para la reducción de arrugas y otros beneficios relacionados a los potentes efectos antioxidantes y energizantes de la CoQ10 en la piel.

La coenzima Q10 puede presentarse en dos formas, en forma oxidada como ubiquinona y en forma reducida como ubiquinol. La forma activa en la que el organismo puede aprovecharla es el ubiquinol.

OMEGA 3 ACTIVO
OMEGACONFORT
OMEGA 7

*Material cedido por 100% Natural