Nuestras abuelas no conocían los omega 3, 6 y 9, pero sí tenían claro que el aceite de hígado de bacalao es una garantía de salud

Hace décadas, una cucharada diaria de ese aceite de pescado de sabor desagradable era la materialización del “más vale prevenir que curar”. Hoy la ciencia tiene perfectamente identificados los distintos ácidos grasos, los beneficios de los omegas y su correcta proporción en nuestra dieta. Y lo mejor de todo es que podemos asegurarnos un aporte adecuado de estas sustancias a través de suplementos dietéticos de gran biodisponibilidad.

Los omegas son grasas que el cuerpo no puede producir por sí mismo (por eso se llaman ácidos grasos “esenciales”) y que son fundamentales para la salud de adultos y niños. Su importancia trascendió gracias a investigaciones científicas que compararon la salud de los habitantes de Groenlandia, una población aislada que ha sabido conservar dietas milenarias sin modificarlas, con la salud de la población de zonas industrializadas. Así se descubrió que los inuits en su hábitat natural tenían una incidencia muy baja de ciertas enfermedades que, por contra, eran causa frecuente de muerte en la población occidental.

Patologías cardiovasculares, diabetes, sobrepeso y obesidad, reducción del recuento espermático, alteraciones en el desarrollo infantil, enfermedades debidas a procesos inflamatorios… Estos y otros males son frecuentes en la población occidental y raros entre los inuit, y ese hecho se atribuyó a la alta ingesta de carne y grasa de mamíferos de origen marino, ricos en ácidos grasos omegas. Entre los inuit, la muerte por patologías cardiovasculares es diez veces menor que en los países occidentales.

Las grasas tienen mala fama en general, y no sólo en las dietas de pérdida de peso. Cuando nos planteamos una dieta saludable, lo primero que solemos hacer es descartar las grasas o reducirlas, a veces demasiado. Pero el cuerpo necesita energía para funcionar, y una parte no desdeñable de esa energía proviene de las grasas. Así que, al hablar de grasas, es necesario no demonizar y distinguir entre grasas “buenas” y “malas”.

Los ácidos grasos pueden ser saturados o insaturados, de cadena lineal, cíclica, de cadena ramificada… Para simplificar, baste saber que las grasas saturadas no son recomendables en la dieta diaria, mientras que los ácidos grasos insaturados sí son beneficiosos. En este grupo se enmarcan los omegas. A su vez, los ácidos grasos insaturados pueden ser poliinsaturados (omega 3 y omega 6) o monoinsaturados (omega 9). En la dieta occidental solemos ingerir suficiente omega 6, pero tenemos importantes carencias de omega 3. Esta descompensación favorece las enfermedades inflamatorias, tan frecuentes hoy día. Por eso es básico garantizar un aporte de omegas no sólo correcto, sino también proporcionado.

OMEGA 3 ACTIVO
HOLOKRILL
ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO